Gracias por el esfuerzo y la iniciativa.
Creemos que falta la referencia al mundo rural asturiano, y la falta de acceso a servicios y derechos de quienes lo habitan.
En Asturias falta cohesión territorial y una visión positiva de lo que caracteriza a las áreas rurales, esas que alimentan tanto nuestros cuerpos como el «alma asturiana».
El «paraíso natural» puesto a funcionar no puede estar al servicio de la guerra sinó de la vida.
Apostar por la soberanía frente al extracto ismo…
Potenciar todo eso crea empleo, permite habitar el territorio, nos alimenta…
En fin , hay cosas que incluir.
Falamos
Elena y Faustino.

Vaya por delante la conveniencia y  utilidad de la iniciativa . El manifiesto me parece me parece un buen documento, bien estructurado, con una primera parte magnifica, pero como supongo que sigue abierto, ahí van algunas sugerencias.

Quizás los puntos reivindicativos del documento transmiten  una cierta sensación, probablemente me equivoco, de “continuismo” con el modelo actual de sociedad, como si nuestro objetivo fuese conservar la democracia liberal y lo que hay del  Estado de Bienestar,  pero profundizando con viejas y nuevas reivindicaciones, algunas radicales (como la de la paz que me parece lo mejor del texto).  Algo así como propuestas para mejorar el modelo vigente, del que de alguna forma nos sentimos herederos.  Un discurso que me suena demasiado a tradicional o viejuno.

Lo que sin duda es nuevo, es la situación en la que nos encontramos, la última cara del neoliberalismo: Autoritaria, profascista, belicista y racista, pero con un espacio político que no para de crecer porque se ha sabido asentar, dar un cauce, al malestar de la sociedad y promete un mundo de seguridad, propiedad, competencia y exaltación nacional. Promesas, por tanto,  que arraigan en las tendencias de fondo, en el malestar de la sociedad  y que entroncan con la construcción de una nueva racionalidad basada en el individualismo..  El avance de la ultraderecha es una ola de fondo, conectada con nuestras condiciones de vida, que son las que moldean las percepciones, miedos, afectos…

En términos políticos, sin embargo, la derecha ,con gran habilidad, se desmarca de su responsabilidad en el malestar y de  la complicidad absoluta que tiene con este  capitalismo tardío, y se sitúa en posiciones supuestamente antisistema, de romper la baraja,  que, a lo que se ve,  le resultan muy rentables electoralmente.

Frenar esta derecha y  el fascismo, como es nuestro primer propósito,  tiene básicamente dos problemas. El primero es que parece demostrado que no basta con agitar el miedo al fascismo/derecha, porque ya están, en buena medida, naturalizados por amplios sectores de la ciudadanía. El segundo es que estamos ante una sociedad con un profundo malestar social,  cada vez más alejada de la política y las instituciones  por fenómenos sumatorios de precarización, frustración de expectativas incumplidas, incertidumbre ante el futuro e intensiva propaganda “desestabilizadora”,  forjada por décadas de neoliberalismo, que gana por goleada  la batalla cultural.

En este marco, la izquierda no debería de presentarse como una iniciativa “de orden”, de defender/ mejorar lo que hay, aunque en algunas cuestiones las reivindicaciones puedan ser de cambio radical. Pero no sólo por la actual impugnación social del “grupo de poder”, sino porque, como es obvio, la izquierda tiene el compromiso de representar otro  “orden social”  (otra sociedad y otro mundo  posible).

Desde este enfoque , por tanto, el discurso de la izquierda no puede ser continuista o “malminorista” , sino que  debe de posicionarse  abiertamente en la ruptura, y no cargar con la herencia de lo que ahora tenemos. Por tanto, son deseables propuestas más transgresoras y alternativas que reivindiquen un nuevo modelo social para  regular y poner limites al mercado,  para exigir  una  democracia real y un bienestar social, de verdadera equidad y bien común. En realidad nada original, probablemente de lo que se trata es de recuperar aquello tan mágico de “otro mundo es posible”, un mensaje que tiene mucho punch. Quizás con las mismas reivindicaciones del documento, repensando su formulación…

No se me ocurren grandes cosas, pero ahí van algunas:  – Prohibir a los superricos, a su propia existencia, porque de su mano viene el fascismo, el neocolonialismo, la desigualdad y la manipulación de la política. El poder de las grandes corporaciones con una enorme concentración de riqueza es incompatible con la justicia social, la igualdad y también la democracia…  A partir de un determinado nivel  de ingresos, los beneficios le corresponderán al estado. Esta podría ser una reivindicación estrella, con pegada, como la que en su día la  tuvo Podemos con ”la casta”   o “no hay pan para tanto chorizo”. Aquí la lista de chorizos es  bastante  larga George Soros, Elon Musk, Berlusconi, Trump,,,, y locales como Florentino Pérez, Juan Roch, Amancio Ortega.

– La propiedad pública o cooperativa (creo que no debemos caer en el neoestatismo) de los sectores que producen bienes “comunes” (los que son de necesidad para todo el mundo)  y de los sectores estratégicos. El gobierno de lo  público se tiene que concretar en consejos de administración democráticos  (juntas de gobierno tripartitas), mientras que en las empresas privadas hay que establecer fórmulas de cogestión con la participación de trabajadores y usuarios, incluidos los medios de comunicación

– Reivindicar una democracia  real en la que la ciudadanía tenga capacidad para “juzgar y gobernar los asuntos públicos”.   Se tiene que acabar la lógica del “botín electoral”, un pesado lastre y una clamorosa asignatura pendiente. Los altísimos niveles de corrupción son el mejor exponente de lo lejos que están los gobiernos y las administraciones públicas de la transparencia, la participación y la rendición de cuentas.

– Recuperar el conocimiento para el sector público, expropiado por los monopolios, las patentes y los derechos de propiedad intelectual. El liderazgo público tiene que ser el objetivo en la ciencia y  la tecnología, empezando por la IA, internet, los medicamentos…

– Otras cuestiones están muy bien recogidas en el manifiesto, quizás  por añadir algo: Mejores salarios para todos (se han devaluado el salario medio un 7% con respecto a la carestía de la vida, en los últimos 10 años, y eso sin tener en cuenta la vivienda y al considerable efecto que sobre el salario medio tiene la SMI, que ha subido muchísimo… También las 35 horas semanales y sanciones para quien incumpla… CARLOS PONTE.

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